Les había dicho que este capítulo vendría en algún momento y
aquí va.
Lo habíamos conversado un millón de veces, lo pensamos de
una y mil maneras diferentes, consultamos con todo el mundo (todos nos dieron
respuestas absolutamente distintas, con razonamientos muy lógicos). Decidimos
una cosa, luego otra y así sucesivamente por un largo tiempo. Aún así, en el
mientras tanto y durante todo ese año y tres meses que llevábamos juntos,
consultamos en muchos lugares cuánto podría costar. Cada vez abríamos más los
ojos y Boti sonreía, como si tuviese un arreglo por detrás con los
veterinarios.
En fin. Una vez más habíamos dicho que, por un montón de
motivos totalmente comprensibles (incluso el económico) no íbamos a hacerlo. Aún así, había algo
que no nos convencía. Yo soy muy fan de Cesar Millan (el “Encantador de Perros”.
Si tienen un cachorrito no se lo pierdan, se van a divertir mucho, pero por
sobre todas las cosas van a aprender enormidades –obvio algunos trucos los llevarán
a cabo y otros no, porque siempre es
simpático tener un peludito algo loco, aunque no revirado). Cada vez que lo
volvíamos a conversar nos parecía que eso podía llegar a solucionar unas
pequeñas y poco constantes (aunque sí muy molestas) costumbres que Botoncito
había adoptado desde pequeño y que había resaltado en su estadía con el bello
Tropeo (perro de la familia Barone-Iorio-Miramontes).
| (Boti y Trope) |
Aún así, solamente seguía siendo un tema sobre el cual
reflexionar. Hasta que…
Un sábado, como muchos otros, nos fuimos a pasear a la
plaza, todo bien, los tres felices, nosotros tomábamos solcito, Boti olía
amiguitas/os y zas! Un perrita en celo pasa por ahí (nosotros siempre le damos
algo de cuerda, ósea le permitimos llegar hasta algunas puntas de la plaza y
luego lo llamamos y viene), peeerooooo no fue la ocasión. El changuito con tal
de seguir a su simpática amiga cruzó la calle. Me toca, lo busco, lo reto, me
enojo, me mira con cara híper tierna, me compra, seguimos en lo de antes. Yyyyy
Zas! Otra vez, le toca a Mati. No había llegado a la esquina de la plaza (su
amiguita ya se había ido, pero él se había enamorado). Lo veo a Mati, había comenzado con un trotecito lento, era obvio que si Boti lo veía iba a creer que era parte
del juego e iba a aumentar la velocidad (pero en ese momento nada de todo esto
importaba, porque nuestro pequeño tenía la cabeza en otro lado…). Como cuando
arranca un partido de futbol, de a poco el jugador va aumentando la velocidad,
así, hasta terminar en rápido y furioso. Todo mal, nuestro cachorrito había
cruzado Juan B. Justo, nosotros casi morimos del susto. Nos enojamos, volvió la
correa, nos fuimos de la plaza a seguir paseando pero los tres de la mano.
Inmediatamente vino la pregunta: cómo juntamos toda la plata
para la cirugía?
Y pensamos en una gran frase de Cesar, conversada muchas
veces con mi hermana: “De esta manera ellos tienen una cosa menos en qué
pensar, una cosa que a ellos por sobre todo los desordena, desequilibra y los
pierde en muchos casos”.
Recordamos que el refugio a través del cual lo habíamos
adoptado nos había dicho que llegado el momento ellos nos podían recomendar una
veterinaria de confianza y con un precio accesible. Los contactamos, como
siempre nos dieron una re mano.
Ahora sí, teníamos turno. En el pizarrón de casa estaban
anotadas todas las indicaciones. Por dentro un poco pensaba "que bueno que los
perritos no leen"…
Llegó el fin de semana, nos estábamos preparando desde el
viernes. Mis papás nos prestaban el auto para poder llevarlo, así que ese día
salimos del trabajo y nos fuimos a Ramos, de paso buscamos a Trope que se había
bañado y nos dejamos mimar en extremo. Ya van a ver, pero ese finde fue completo
de mimos y acompañamiento.
Merendamos con mis papás y mediaslunas, hicimos chistes al
respecto, nos reímos, nos dejamos de reír. Comimos empanadas deliciosas, nos
fuimos. Pasemos con nuestro cachorrito, ya no hacíamos chistes, no era
gracioso. Lo bañamos, tuvo su primera ducha en casita, un poco lo disfrutó, era
muy calentita y después se pudo revolcar sin problema por todos lados. Se ganó
unas galletitas. Una vez más, en fin. Nos dormimos, amuchados, esperando el
momento… No de trágico, para nada, sino de cariñosos que somos. Y yo de
detallista que se los cuento. Total, ya sé que los que se aburrieron
abandonaron el texto hace como 6 párrafos.
| (Era pequeño aún) |
Amanecimos, desayunamos, sólo nosotros, porque el cerdito
menor estaba con indicación de ayuno absoluto. Nos fuimos, sacó la lengua por
la ventana, disfrutó. Entramos a la vete, se enamoró de otra perrita. Nos
llamaron: “Papi”! Acá estamos.
Los que tienen perros o los que son muy pegados a ellos
me van a entender. Es una sensación rarísima, es uno más de la familia, le pasa
algo y nos movilizamos todos (por dentro y en la práctica), no es fácil, no es
como comerte un cereal. Además ellos, dependen pura y exclusivamente de
nosotros, todo lo que hagamos los incluye,
los afecta. Bueno, todo esto era para decir que como yo suelo ser muuuuy
sensible (sí, a veces en extremo). Con Boti con una sedación ya encima, expongo
mi sentimiento, porque sé que si estoy exagerando Mati me lo va a decir y yo
voy a entender que no hace falta tal cosa. Pero esta vez, los dos nos sentíamos
movilizados. A nuestro pequeño integrante le hacían y le pasaba por primera vez
algo así clínicamente importante (claramente el millón de veces que estuvo
intoxicado, yéndose por arriba y por abajo estaban muy por debajo de esta
situación).
Entregamos al peludito, con mucha confianza en manos del
Doctor y conversamos acerca de lo bueno que es. Nos pide que volvamos en 20
minutos. Chau #Bolibolas.
Ahora sí, lo buscamos y no paraba de llorar, era la anestesia
nos explicaron, como entienden poco qué sucede y el cuerpo está extraño lloran
(o algo así interpreté yo). Llegamos a casa, había que cuidar que no se chupe
para nada.
Ese fin de semana se aumentó una gripe espantosa que yo
venía gestando, así que Mati terminó cuidándonos a los dos, uno sin bolas y
otra con fiebre, un embole. Pero solemos tomarnos estas cosas con bastante
comodidad (todo gracias a Mati claro, que no sólo nos cuidó, mimó e hizo de
enfermero y cocinero, sino que además logra que no piense en boludeces para
estar mal inútilmente por una simple fiebre).
![]() |
| (El día que lo adoptamos) |
Vimos películas, dormimos a montones (entre la anestesia de
Boti y los Cura que me mandé yo estábamos como drogui).
Llegó el domingo, llamaron mis suegro: “ Vamos para allá con
ravioles!” Vivaaaaaa, todos felices. Además había fideos para la semana de
regalo. Seguía la fiebre, ya no la anestesia y ya les dije que Boti está loco,
así que los recibió a los saltos. Todo genial, hasta Mati le construyó a Boti
un collar Isabelino con un velador. Luego descubrimos que quedaba chico, debía
ser mucho más largo para cumplir la función.
Llegó el lunes, Boti no había hecho casi nada, más que un
poquito del 1, Mati lo saca y se hace de todo, necesitaba salir a la calle, ya
está acostumbrado, bien educado diríamos con cara de orgullo.
Volvemos del trabajo, todos felices, había vuelto la hora
del paseo largo. Peeeero, sólo un inconveniente: “Mati, se arrancó los puntos”
(En estos momentos la carita del WhatsApp que se la da en la frente venía al
pelo). Directo a la veterinaria. Por suerte con palabra de aliento: “Está
perfecto chicos, los puntos de adentro sostienen todo así que bien. Pero no
puede chuparse, así que hay que ponerle un Isabelino de verdad”. Adentro el
collar y a invertir el dinero que nos habíamos ahorrado el domingo.
Detalle, el domingo Mati sale en busca de un Isabelino real
y sólo encuentra un veterinario que le dice que está loco por haberle sacado
hombría a su perro, que a los machos no se los castra. (La carita otra vez).
En conclusión, todo bien. Incluso cuando concluyó el período
en el que tenía que tener el collar, se lo sacamos y él lo pedía… Lo sé, no es
normal.
Ya les había dicho en algún texto que todavía no descubrimos
quién está más loco de los tres, aunque estas cosas hacen que nos inclinemos
más por el pequeño. La gente nos preguntaba: “Cómo anda resortín, digo Botoncin”?
“Bien, saltando desde el domingo…”
Había muchos detalles de ese fin de semana que no quería
perder y por eso la longitud (ojalá que no haya sido densidad). Espero que los que se hayan fumado todo el texto
no se hayan aburrido mucho. De igual modo, esto intenta cumplir una simple
función que es que yo escriba porque me gusta volar, así que lo que más deseo
es que disfruten al leerme.
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| (Previa desbolación) |



Fantastico y chistoso!
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