Me animo, me tiro, ahora sí que me río

Calculo que a veces, o en su mayoría, se trata de eso.
Lo pienso y me da miedo.
Tengo terror de saber que estoy adentro, aunque perdería mi vida si estuviese afuera, me perdería a mí.
Leo y recuerdo, hubo un día en el que creí estar en otro cuento.
Salí, me caí, enloquecí.
Ahora por suerte a veces me reencuentro.
Porque encontrarse es permitirse, es sentirse, es animarse a ser.
Es dejarse ser.
Aunque a veces no lo creo, me encanta leer.
Pero siempre me cuestiono y reveo.
Me investigo y repienso.
Me da miedo, me da terror y eso me deja paralizada, a veces boquiabierta.
Todavía no lo puedo creer, lo imagino a futuro y tiemblo, pienso en el tiempo.
Posiblemente se trata de dejarse llevar por el movimiento.
Porque si mucho lo pensas paras, te queda quieto.
Lo vuelvo a ver, lo pienso, lo escucho, lo relato y lo siento.
A mí me encanta escribir cuentos.
Lo repienso, tiemblo, me trabo, no avanzo, no llego ni al comienzo.
A mi neura siempre le gusta jugar con mis tiempos.
Me reencuentro, es como ese abrazo y el primer beso.
Cada primer beso, el del día, de la tarde, de la noche, el que le doy, después de un rato, a veces aunque paseemos en coche.
Lo siento, lo vuelvo a agarrar. A mí me encanta leer y me encanta contar.
Otra vez, acá viene, son como hormiguitas que lo sostienen.
Me hacen cosquillas y siempre me detienen.
Juegan con mi cerebro y las entretiene.
Tengo miedo, siempre tengo miedo.
Por suerte a veces lo reveo.
Me da más miedo dejarme llevar por el miedo y quedarme en el revoloteo.
Lo olvido y sigo.
Es que así y contigo nunca me siento en el olvido.
Le digo, le pido, me sirve que me critique y que se ria conmigo.
Es mucho más que mi amigo, es mi editor, mi amante y mi mejor colectivo. Sonrío.
Lo amo y lo admiro.
Me llama, lo sigo, siempre me lleva consigo.
Me atrae, me tienta, no me deja quedar quieta.
Me suma, nunca resta.
Me hace leer hasta historietas.
Vuelo, respiro, lo leo y lo pienso.
Él se queda contento, muy bien sabe que me tiene sonriendo.
Una vez más llego, revoloteo, quizás, por ahí me sale algún texto feo.
El miedo, siempre el miedo, ese que nunca se va y también sonríe.
Acá vamos, quizás lo enfrentamos y una vez más nos lanzamos.
Me río, sonrío, un poco se me caen las lágrimas y así comenzó un río.
Lo pienso, no lo explico, lo siento.

Allá voy, me lanzó y me escribo.

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